Los instrumentos de percusión son muy agradecidos porque suenan desde la primera vez que se cogen (no como la gaita…). Además, los utilizamos para jugar con ellos en clase de ritmo, por lo que cuando un alumno quiere aprender a tocar un instrumento de percusión dará un paso muy natural desde la clase de ritmo a la clase de percusión.

En clase de ritmo (para todos los alumnos) ya aprendemos a leer partituras y hacer ritmos básicos tanto con el cuerpo como con los instrumentos. Por lo que cuando se pasa a dar clase de percusión ya se lleva una base muy importante y solo es necesario conocer un poco la técnica del instrumento para poder participar en los ensayos con un instrumento de percusión.

Así es, en la clase de ritmo damos, además de percusión corporal, iniciación a los instrumentos de percusión más utilizados en la banda de gaitas. Es importante que todos los alumnos (ya sean percusionistas o gaiteros) conozcan nociones básicas de todos los instrumentos para que haya un mejor conocimiento y asimilación del ritmo pero también un respeto hacia todos los componentes del grupo, cada instrumento tiene su dificultad y su trabajo dentro del grupo. Los instrumentos de percusión muchas veces se pueden tratar como instrumentos fáciles de tocar pero requieren un trabajo idéntico al de la gaita y un papel igual de importante dentro del conjunto. Así, aprendemos que todos somos importantes: el gaitero que hace los solos, el gaitero que hace la segunda voz, el que toca el tambor o el que entrechoca unas claves… Todos tenemos un papel igual de importante dentro del grupo y cuando alguien falta se nota su hueco.

Panderetas, panderos, tambor asturiano, bombo, claves, un cencerro, una botella de anís, una botella de sidra… Todos son instrumentos de percusión que tienen cabida en nuestra Escuela según el repertorio que se toque. ¿Te atreves a probarlos?

Percusion01

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Además de clases de gaita, percusión y ensayos de banda también tenemos percusión corporal. Diría yo que es la clase más importante en nuestra escuela porque están todos los alumnos juntos (tengan el nivel que tengan y toquen el instrumento que toquen), hacemos ritmos, cánones rítmicos, recitados rítmicos, juegos y… nos divertimos mucho!

Es una forma muy divertida para aprender a leer partituras tanto de percusión como de gaita. Lejos de dar clases aburridas de solfeo, nosotros estamos una hora riéndonos y jugando con el ritmo. Es una clase para desinhibirse, pasarlo bien y aprender a leer partituras sin darse cuenta. Para ello, utilizamos partituras específicas de percusión corporal, las propias partituras del repertorio de la Banda o partituras preparadas expresamente por mí según las necesidades de los alumnos.

Además, el alumno se lleva una grata sorpresa cuando se da cuenta de que está leyendo y tocando una pieza del repertorio de la banda sin apenas esfuerzo. No es en absoluto nada difícil aprender a leer partituras. Es más, en nuestra escuela es muy divertidoPercuCorporal!

 

SegundaVoz

En nuestra Escuela de Gaitas no es necesario que el alumno sepa tocar varias melodías para participar en los ensayos de banda.

Siempre prima la motivación, y un alumno lo que quiere es tocar. En nuestra banda, los alumnos principiantes ya pueden participar en la banda tan solo conociendo tres notas.

Te explico:

En la imagen ves un ejercicio sencillo. En un primer momento lo utilizamos para empezar a familiarizarse con la lectura musical. En un segundo paso, le presentamos al alumno el afinador para que cada día nos toque, al principio de cada clase, este fragmento bien afinado (¡No durante mucho tiempo! ¡Uno o dos minutos delante del afinador se convierten en una eternidad para el principiante!). Una vez que lo tiene asimilado ¡sorpresa! ¡a tocar en la banda de gaitas!

Estas son pequeñas composiciones que hago a modo de ejercicio para los alumnos pero a su vez son segundas voces sencillas de las piezas del repertorio de la banda.

Como vengo diciendo últimamente, mi metodología se basa en la motivación: el alumno es muy feliz sintiéndose parte del grupo y entendiendo que su participación es importante dentro del conjunto y ésto le motiva para seguir trabajando.

Por cierto, ¿adivináis de qué pieza se trata?

El nuevo alumno llega el primer día a clase muy ilusionado, probablemente no habrá dormido bien la noche anterior soñando con cumplir su objetivo: tocar la gaita.

Así, en cuanto llega un alumno nuevo a la escuela, lo primero que hago es darle una gaita. La mayoría la cogen con miedo, sin saber por dónde sujetarla, con miedo a romper algo… pero con ese mariposeo en el estómago por estar haciendo realidad su sueño.

Este planteamiento es totalmente diferente al de otras escuelas en el que le exigen al alumno un mínimo nivel de solfeo y empezar a tocar con la flauta. No puedo infravalorar ninguna metodología, pues cada maestrillo tiene su librillo y tampoco soy una experta en metodologías; pero después de 14 años de experiencia a mí me funciona mejor el método que sigo actualmente:

Un alumno nuevo que no nabe nada de música, no le encuentra significado a aprender lenguaje musical pues no aprende in situ su utilidad, no le encuentra ningún significado al solfeo por lo que se convierte en una lectura mecánica sin significado.

La lectura musical debe de ser significativa desde el principio, ya que es más útil y motivador. Por ello, mis alumnos de gaita primero tocan, le sacan las primeras notas a la gaita y, una vez que mantengan un poco el sonido y puedan dar dos o tres notas seguidas, será cuando nos sentemos juntos y le pongamos nombre y grafía a cada nota. Es mi propio alumno el que escribe sobre el pentagrama las dos o tres notas que conoce ¡está escribiendo su primera partitura! De esta forma, la asociación entre lo que toca y su representación gráfica en la partitura se hace de forma instantánea, de forma significativa y sin ninguna dificultad.

¿Quién dijo miedo a aprender a leer y escribir música?

Además, con solo tres notas ya se pueden tocar piezas del repertorio de nuestra banda de gaitas, pero eso quedará para otro día…

Este fin de semana hemos celebrado el día de Asturias en Málaga. Sí, con un mes de retraso… es que en los Centros Asturianos lo celebramos en otras fechas para que puedan venir representantes del Principado de Asturias (en este caso Begoña Serrano y Paz Fernández), un Ayuntamiento invitado (este año fue Belmonte de Miranda) y grupos folclóricos (L´Alborá y el Centru del Centro Asturiano de Madrid).

El viernes comenzamos el día con una recepción oficial en el Ayuntamiento de Torremolinos y un almuerzo con las autoridades. Por la tarde, una misa en la que nos felicitó el cura y nos pidió que repitiésemos la marcha “Pescador de hombres”. Un pasacalles, un poco caótico por las obras de peatonalización del centro de Torremolinos. Y después el pregón, entrega de escudo de oro y actuaciones musicales del Ché de Cabaños, grupo folklórico del Centro Asturiano de Madrid, Sal y Pimienta y nosotros mismos. Durante nuestra actuación, estrenamos una pieza que compuse especialmente para la ocasión, la Marcha de Los tres centenarios (este año se conmemora el centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga, el centenario de la declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa y el decimo tercer centenario de la fundación del reino de Astuias).

El sábado actuamos varias veces a lo largo del día, pero el momento más especial fue la inauguración de la Plaza de Asturias en Torremolinos gracias a la iniciativa del concejal asturiano Ignacio Rivas. La nota musical (y de baile) la pusimos con una actuación conjunta con los chicos del Centro Asturiano de Madrid.

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Escuela de gaitas Bernardino Fernández del Centro Asturiano de Málaga con Ignacio Rivas

El domingo celebramos el día del socio con el tradicional reparto de bollos preñaos y botella de vino a los socios. Pasamos de una actuación informal a una auténtica fiesta, de nuevo con una actuación conjunta de los dos grupos.

Actuación conjunta Centros Asturianos de Málaga y Madrid

Sobre la distonía… pues no… no he pensado en ella en todo el fin de semana y he disfrutado tocando más que nunca.

Distonía focal: ocho meses

septiembre 16, 2018

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En estos ocho meses hemos tenido tiempo de adaptar gran parte del repertorio del grupo a mis necesidades, en otras ocasiones se ha mantenido la melodía principal pero le he compuesto una segunda voz para tocarla yo y otras piezas simplemente se han dejado de tocar (solo temporalmente eh!).

Anoche, estábamos dando el último repaso antes de subir al escenario del primer Festival Intercéltico del sur (Celtasur) y… de pronto… sin saber cómo… me di cuenta de que mis dedos estaban pasando por el re de la misma manera que pasan por cualquier otra nota. Desvié la atención y olvidé ese pensamiento lo más rápidamente posible para centrarme en los rayos de sol que se veían a través de la ventana y en todos los objetos que había en la sala de ensayo que nos había proporcionado la organización del Festival. La distonía es muy traicionera, no puedes pensar en ella…

Un par de horas más tarde, nos subimos al escenario ante un público muy numeroso (unas mil personas según la organización). Sabía que lo único en lo que no podía pensar era lo que iba a tocar. Perdí la vista en el infinito, hice sonar la gaita y, mientras tocaba, me entretuve en mirar a la cara a tantas personas del público como mi vista alcanzaba, de vez en cuando miraba a mis chicos y disfrutaba de lo guapos que estábamos estrenando politos, después jugaba a perseguir las luces y los focos que recorrían las cabecitas del público.

Cuando marqué el corte final de la pieza ya podía pensar en lo que acababa de ocurrir, de nuevo había estado pasando por el re como paso por cualquier otra nota. Lástima que no lo puedo disfrutar en el momento… el poder de la mente… no pienses en lo que no quieres que ocurra sino en lo que quieres que ocurra. De ello me había dado cuenta hace solo una semana cuando retomé mis paseos de bici por el campo después de muchísimos años. Cuando miraba los baches los pisaba; solo dejé de pisarlos cuando visualizaba el camino por el que quería que pasase la rueda de la bici.

¿Dónde está la distonía? No lo sé, ayer no estaba. Trataré de no volver a pensar nunca más en ella.

Parece que fue ayer cuando estaba deprimida, en una esquina del sillón, enroscada como un perro, con la cabeza escondida entre las piernas, sin querer saber nada del mundo. Mi dedo se quedaba completamente pegado al puntero, era incapaz de destapar el agujero, estaba recién diagnosticada de una distonía bastante desarrollada (cuyos primeros síntomas empezaron hace diez años) pero que nunca nadie había podido decirme lo que me pasaba y mucho menos darme una solución; la culpa era mía por no practicar más…

Después de mis días de oscuridad en el sillón llegó la etapa de aceptación y mucho trabajo.

Hoy estoy escribiendo estas líneas con una sonrisa que nunca más se borrará. Porque estoy en el camino correcto, estoy empezando a tocar repertorio que había dejado de tocar hace años y la música vuelve a ser un medio de diversión y felicidad… Pues, lo supe ocultar bien, pero hace bastante tiempo que tocar se hacía una obligación, no me daba ninguna satisfacción pero yo era Carina… la mejor gaitera de Andalucía, la profe de la escuela de gaitas, la mejor del Conservatorio… pero eso es lo que vosotros decíais porque yo cada vez me veía más en retroceso.

Pero vamos a dejar esos recuerdos de lado, ya forman parte del pasado. Pero son recuerdos, no los voy a borrar de mi memoria porque me servirán para que no vuelva a ocurrirme y, sobre todo, para detectar de forma temprana cualquier indicio de distonía en alguno de mis alumnos.

Hoy soy la gaitera feliz que vuelve a tocar su repertorio, la profe que vuelve a enseñar a sus alumnos “En Oviedo no me caso” porque vuelvo a poder tocarlo, la mitad de esa pareja de gaita y tambor tan bonita que formamos, estoy deseando de volver a tocar contigo un saltón y sé que será dentro de muy poco tiempo; gracias por todo, te quiero por todo.

Y gracias a Fran de Arpegio Fisioterapia de Granada, tu lo estás haciendo posible.

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Después de cuatro meses, estoy empezando a ver realmente el resultado de los ejercicios y poco a poco estoy volviendo a mi vida normal de gaitera, aunque mi repertorio sí que está cambiando.

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Cuando toco sola (o acompañada por un tambor) mi repertorio es totalmente desconocido para todos porque la mayoría de las piezas las he compuesto adaptadas a la distonía, aunque siempre cae alguna pieza de la tradición asturiana adaptada a mí para no tener que pasar por el re, así puedo llevar una velocidad normal… o vertiginosa cuando me quiero lucir.

 

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Y lo más bueno de todo es que en la banda de gaitas estoy empezando a tocar piezas lentas y fáciles que contienen el re. De hecho, acabamos de tocar durante cuatro días seguidos en la Feria Internacional de los Pueblos de Fuengirola y me siento muy orgullosa de mis progresos y muy feliz de volver a disfrutar tocando con mis chicos.

 

Una vez repuestos de la feria, en esta semana estamos empezando a trabajar en la Escuela el repertorio que tocaremos para la celebración del día de Asturias en Torremolinos, el primer fin de semana de octubre. Algunas piezas serán del repertorio tradicional asturiano y otras de mi propia cosecha. Tengo mucha ilusión por empezar a tocar y escuchar mis composiciones por las calles de mi pueblo. Eso será justo dentro de cinco meses!

Y… sí, como me prometí a mí misma, sigo inmersa en mi estado de felicidad, muy ilusionada y con muchas ganas de seguir trabajando.

 

Llevo unos días en estado de extrema felicidad y sentía la necesidad de compartirlo. Desde que descubrí lo de la distonía tenía dos opciones:

  1. Estar un año o dos (o toda mi vida) lamentándome y odiando la distonía
  2. Buscar opciones y trabajar repertorio sin la nota Re

Después de estar varios meses lamentándome (y varios años escondiéndome cuando había que tocar) he decidido que mejor es probar la segunda opción.

El problema surge cuando me leo todas las partituras de todos los métodos de gaita que tengo (que no son pocos) y descubro una única pieza que no contiene el Re. Entonces, lápiz en mano, decidí que era la hora de eliminar todos los Re y sustituirlos por otra nota. En algunos temas no pega esa sustitución pero he hecho un gran descubrimiento con la muñeira de Ibias… ¡me gusta mucho más mi versión! Después de retocar un par de piezas más he compuesto la “jota distónica” y también una muñeira.

Desde hace cuatro días, después de hacer mis ejercicios para la distonía durante media horita, se me pasan las horas volando tocando mi repertorio sin ningún Re. ¿¡Quién me iba a decir hace una mes que iba a tocar hoy una muñeira a 130 bpm!? Recuerdo que la última vez que toqué una muñeira fue en el festival de Lorient y a duras penas, de eso creo que hace ya cinco años. Claro que no puedo ponerme a tocar con cualquier gaitero ni tocar en una banda de gaitas (ya estoy preparando arreglos para mi banda) pero puedo tocar como gaitera solista y disfrutarlo de verdad.

Hace años que no disfrutaba de la música, muchas veces pensé en dejarlo. Menos mal que no lo hice. Llevo cuatro días que no tengo tiempo para otra cosa, solo para arreglar partituras, componer y tocar y tocar con el metrónomo a velocidades vertiginosas, como nunca lo había hecho.

Estoy deseando afianzar este repertorio que estoy preparando y darlo todo en una actuación que tengo programada para dentro de un mes. Estoy deseando volver a ver a esa Carina disfrutar tocando en pareja de gaita y tambor, comerme el escenario y meterme al público en el bolsillo.

Me prometo a mi misma no salir nunca jamás de este estado de felicidad. La reconexión del dedo con el cerebro irá a su ritmo. Mientras, seguiré disfrutando de mis arreglos y composiciones.

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Vela

Hace dos meses por fin pude ponerle nombre a mi problema (distonía focal) y me prometieron buenos resultados a largo plazo (uno o dos años). Comprendí que todo lo que estaba haciendo me venía para peor y conocí las pautas para revertir el proceso.

A pesar de ello, volví a casa con la moral por los suelos y después de varios días (o un par de semanas) llorando decidí que no hacía nada tirada en el sofá y que había que dar una oportunidad a esta nueva técnica a la que llaman reeducación (de las neuronas y el cerebro) y de la que voy a ser medio conejillo de indias. La reeducación es una técnica tan nueva que aún no se conoce realmente sus resultados. Pero me llama mucho la atención porque va con mi estilo de vida pues deja de lado cualquier tratamiento farmacológico y trabaja solo a nivel físico y mental.

Me puse a hacer los ejercicios, un día tras otro. A veces con más ganas, otros días más desilusionada. Ejercicios tan simples (pero que a mí me cuestan un mundo) que me da vergüenza que me vean hacerlos, parezco la persona más torpe del mundo… Un día tras otro… la cosa parece totalmente estancada, sin ninguna mejoría, cuando parece que mejora algo… batacazo! de pronto caes a peor…

Pero como soy cabezona, ahí estoy yo todos los días delante del espejo haciendo mis ejercicios. Olvidando también poco a poco la obligatoriedad de ensayar y ensayar, aprendiendo a tocar solo por gusto y cuando me apetece y, sobre todo, disfrutando relajadamente. Hablando de relajadamente… he retomado el yoga!

Hasta que, dos meses después de aquel día que no quiero recordar, mi fisio me ha puesto un vídeo que grabamos ese primer día en la consulta y… ¡He visto la luz! Aquella del vídeo no era la misma que acababa de hacer los ejercicios frente al espejo, ha habido una evolución!!! Se ha encendido la luz, la luz que me guiará hasta el final del camino. Solo es una pequeña llama de una vela pero su único destino es crecer y crecer hasta convertirse en un sol. El camino es largo pero lo más importante es que la llama ya está encendida.